Ficción de un instante

Instalación / fotografía y pintura. Junto a Tamara Luiz.
Panal 361. Buenos Aires. Argentina
Septiembre 2018.

Habrá infinitos mundos idénticos, infinitos mundos ligeramente variados, infinitos mundos diferentes.

Adolfo Bioy Casares, La trama celeste.

Habitar. El ser humano necesita un lugar donde apoyar su existencia. No se trata de una acción concreta, sino más bien un fenómeno complejo que se desarrolla en un escenario espacio-temporal. Si es que existe un espacio, que forma parte de la arquitectura pero se mantiene independiente de todo lazo permanente espacio-tiempo es el ascensor.

Burbuja independiente a cualquier piso a cualquier tiempo, nómade, rincón íntimo y ajeno a la vez, promotor de una cercanía impuesta en constante movimiento. ¿Quién no sintió pánico alguna vez del movimiento?

Construir un instante paralelo, en un espacio que así se concibe, paralelo. Nuevos códigos de un tiempo que no existe, con luces ficcionadas, de reflejos que no se producirán, no es más que fortalecer la identidad de un espacio independiente. El simulacro de la pintura y la fotografía como “ventanas a la realidad” hacen que la tensión de aquello real y representado viaje en el tiempo.  En el lugar donde diariamente o en el común de los casos un espejo refleja la actividad del ascensor, los que llegan, los que se van, otros inmóviles, expectantes esperándolo… ¿qué pasa si ese elemento que además de reflejar, y expandir  el minúsculo espacio, es reemplazado por  la foto del mismo? en un piso determinado, con una  iluminación irreal, un ángulo elegido,  “la foto  y la sombra de un momento inventado, que ya no existe”