De piel y tiempo

A veces, frente a una pintura, se puede tener la sensación que es justamente eso: una pintura. Nos centramos en los sentimientos que su materialidad nos despierta, sus texturas o colores, sus matices y pinceladas. Sin embargo, frente a las obras de Daiana Martinello la sensación es, afortunada y misteriosamente, otra.

Su trabajo, centrado en la luz y el tiempo, nos moviliza hacia nuevos descubrimientos. Olvidamos la materia, es decir, la pintura en sí, y nos dejamos invadir por lo inmaterial, lo profundo del instante. Hay en ellas luz, una luz construida sobre los elementos representados, como capas de belleza que cuestionan, justamente, la belleza.

¿Cuándo existe algo? ¿Cuándo deja de existir? ¿Acaso lo que no es bañado por la luz pertenece a lo inexistente? ¿Somos a causa de la luz? Seguramente podremos preguntarnos mil cosas en torno a estos problemas, pero dudo podamos encontrar respuestas totalmente satisfactorias. Muchas veces queremos encontrarlas, sin embargo el territorio del arte no las proporciona nunca. Algo es arte en la medida que sea capaz de despertar interrogantes y no dar respuestas. Creo que las obras de Daiana transitan en ese sentido.

La artista busca despertar sensaciones, que el espectador olvide estar frente a un cuadro y abra su percepción a lo que hay más allá de él. La experiencia se asemeja, tal vez, a estar en ese instante infinito que su obra nos despierta y que, en muchos casos, a lo largo de la vida experimentamos. Esos momentos que, intuimos, conectan nuestro ser con un plano de existencia en el que el tiempo se desdibuja, se convierte en algo que ya no nos limita.

Lugares que podrían ser ordinarios, familiares, son transportados a un plano superior. Se transforman en algo nuevo, y nos dan a entender que el arte está ahí, todo el tiempo mutando ante una mirada que no ve. La artista logra encender las luces de un teatro en el que nos reconocemos como actores principales.

Posiblemente su obra siga mutando, saliéndose del plano para convertirse en elementos reales que dialoguen con la realidad desde un lugar irreal. ¿Qué puede impedir que la artista se apropie de la luz y la convierta así, en su mirada del mundo? Posiblemente ese sea el horizonte a conquistar: ya no representar sino presentar.

Alguien me dijo alguna vez que artista es aquel que señala y nombra. Daiana Martinello es entonces, sin dudas, quien señala las cosas que son bañadas por la luz y las nombra nuevamente, para así proporcionarnos la imprescindible experiencia de estar vivos.

 

Marcos Acosta.